HABIENDO FINALIZADO LA VISITA DE LOS PARES EVALUADORES
CON SU ESPERANZADOR INFORME ORAL, SURGEN INQUIETUDES Y DUDAS RESPECTO DEL FUTURO INMEDIATO.
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La inquietud más obvia es la cantidad de años de acreditación que propondrán a la CNA y la que ésta en definitiva otorgará, atendiendo al análisis del informe elaborado por los Pares Evaluadores.
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Dependiendo de lo anterior, surgen interrogantes sobre los posibles cursos futuros de acción para enfrentar las dificultades que los Evaluadores señalaron en su informe en vistas de la siguiente acreditación.
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Talvez, atendiendo a una de ellas, ya señalada en el informe oral, el Sr. Rector en reunión de consulta a todas las autoridades de la FAE, realizada hoy Miércoles 17, planteó la antigua inquietud por la coordinación de las Escuelas y Departamentos requiriendo la opinión de los presentes.
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Como era obvio, cada cual defendió desde su pespectiva su visión del problema.
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Unos defendiendo el rol de los Departamentos, otros el de las Escuelas y unos pocos tratando de ver la solución en la vieja entelequia de los Comités de Apoyo Docente.
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Unos defendiendo el rol de los Departamentos, otros el de las Escuelas y unos pocos tratando de ver la solución en la vieja entelequia de los Comités de Apoyo Docente.
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Sin embargo, pese a la extensa reunión, en ningún momento se planteó el problema que surge de la no aplicación de algunos los principios básicos de la Administración: Unidad de Mando y Escala Jerárquica.
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En los hechos, las actividades docentes, que ocupan un 90 % de la actividad académica, son co-dirigidas por dos tipos de autoridades con diferente fuente u origen de su poder de decisión: Por una parte Directores de Departamento y Decanos electos por sus pares y, por otra los Directores de Escuela y Secretario de Facultad designados por la autoridad Central.
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Indudablemente dicha colisión de intereses y de poderes no es fácil de resolver en términos generales, salvo que la autoridad central, utilizando todas sus facultades estatutarias y reglamentarias, consiga coordinar ambas labores, ya sea mediante la intervención en la elecciones de los Decanos y Directores de Departamento como ocurrió anteriormente; o, como ha ocurrido actualmente en la mayoría de las unidades académicas, mediante la directa designación de casi todas las autoridades intermedias de las Facultades.
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De otra forma, resultarían completamente inviables hasta las más mínimas actividades del ámbito administrativo docente regular.
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Sin embargo, ambas soluciones son impropias en un universidad del estado y a la larga generan otro tipo de problemas que dañan gravemente la necesaria convivencia y armonía de un trabajo que requiere cordinación y equipos unificados.
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Por lo tanto, previendo que podría ser necesario reargumentar en lo que resta del proceso de acreditación, sería conveniente profundizar en estos aspectos del problema señalado por los Pares Evaluadores, ya sea preparando una fuerte batería de argumentos para justificar esta peculiar estructura administrativa-docente; o decididamente prepararse para modificarla a la luz de las experiencias y prácticas de otras universidades estatales.
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Sin embargo, este es un problema que atañe no sólo a las autoridades involucradas, sino a toda la comunidad académica y que en definitiva debiera llevarse a discusión al Consejo Superior para darle un enfoque más globalizado.
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Del mismo modo, debiera iniciarse la discusión de las otras falencias que se pusieron de manifiesto en el duro informe de los pares evaluadores simulados y en el informe oral y preliminar reciente.
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